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II Congreso nacional del Nuevo Perú. Todas las luchas.

Evento inaugural. Palabras de Verónika Mendoza, presidenta del Nuevo Perú

Compañeras y compañeros, hermanas y hermanos, ñañaturaykuna, buenas noches.

Quiero, primero que nada, agradecer a todos y cada uno de nuestros invitados, representantes de organizaciones políticas, sociales, sindicales, compañeros y compañeras con los que compartimos sueños y luchas. A las autoridades que nos acompañan, a los embajadores de nuestros países hermanos que están aquí como expresión de la unidad de los pueblos de América Latina que luchan por soberanía y justicia, y que le dicen al autoritarismo, al golpismo, al fascismo: “¡no pasarán! América latina es territorio de democracia y de paz”. A los compañeros y compañeras, amigos y aliados internacionales que se han hecho presentes virtualmente, muchas gracias a nombre del Nuevo Perú por acompañarnos en este momento tan importante para nosotros, gracias por permitirnos estrechas esos lazos que hemos ido cultivando a lo largo del tiempo, conscientes de que construir un Perú libre, justo y solidario requiere sumar fuerzas dentro y más allá de nuestras fronteras, porque al fin y al cabo solo será posible un Nuevo Perú en un mundo nuevo.

Gracias a la Comisión organizadora del este II Congreso nacional que en estas últimas semanas ha hecho un gran esfuerzo para poder hacer realidad este encuentro, a cada una de las comisiones de trabajo de organización, de logística, de comunicaciones… que han acompañado este esfuerzo.

Gracias a todos los comités y militantes que se han movilizado, organizado, debatido y elegido a sus delegados y delegadas que están presentes hoy, algunos luego de largas horas de viaje, otros aún en camino, en algún bus o algún avión trayendo la voz de las diversas regiones del país. ¡Un aplauso para toda militancia del Nuevo Perú, de costa, sierra y selva, de norte, centro y sur!

Hace prácticamente 5 años que, luego de encontrarnos en las calles, en diversas luchas, espacios de articulación y en el proceso electoral del 2016, decidimos sumar esfuerzos, unir todas las luchas en un movimiento político capaz de proponer y construir una alternativa. Muchos de los aquí presentes estuvieron y recordarán nuestro Tinkuy por el Nuevo Perú en diciembre 2016 en Cusco, donde empezamos a construir, definiendo juntas y juntos, al calor de las luchas, una síntesis de nuestras diversas identidades, una propuesta de cambio para el país. Así llegamos a nuestro Congreso fundacional en diciembre 2017.

Ahí, decidimos fundarnos como un MOVIMIENTO. Como un “movimiento” porque veníamos de diversos movimientos sociales por justicia ambiental, por la igualdad de las mujeres, por los derechos LGTBI, por trabajo digno, por la soberanía sobre nuestros recursos… “Movimiento” para recorrer calles, barrios, pueblos, costa, sierra y selva, porque entendíamos que teníamos que “movernos” de las calles a las instituciones, de las prácticas concretas y cotidianas a las políticas públicas, y viceversa. “Movimiento” porque nos propusimos estar siempre abiertos a todos los que quieren un cambio para nuestro país, ser capaces de adaptarnos a los tiempos, a las dinámicas sociales, culturales y políticas, no anquilosarnos ni burocratizarnos, sino ayudar a articular las luchas, todas las luchas.

Decidimos ser un movimiento de todas las luchas: socialista, feminista, ecologista, diverso e intercultural, porque asumimos que ninguna lucha es superior a las otras, porque luchamos contra todas las formas de opresión y discriminación, porque merecemos una Patria que nos reconozca y abrace a todas y todas. 

¿Cuánto de esto hemos logrado en estos 4 años? Es justamente la respuesta que tenemos que construir colectivamente en estos 2 días: un balance de lo vivido y aprendido, recoger lecciones, entender mejor el mensaje que nos dio el pueblo en la última campaña electoral en la que no pudimos representar a cabalidad su anhelo de cambio y, sin embargo, creo modestamente, que contribuimos a poner en el debate público y político temas antes censurados: la redistribución de la riqueza con una reforma tributaria, una segunda reforma agraria que recoja la voz de los pequeños agricultores, la recuperación de la soberanía sobre nuestras riquezas, un Nuevo Pacto social…

Hemos cometido errores y aún tenemos mucho que mejorar, sin duda, pero si hay algo de lo que la militancia del Nuevo Perú puede y debe estar orgullosa es que siempre se la ha jugado en la cancha. En medio de tiempos difíciles, en los que la pandemia nos arrebató a tantos queridos compañeros y compañeras, con una crisis de régimen profunda con sobresaltos sucesivos… ¡Qué tiempos!, ¿verdad? Tuvimos la crisis Lavajato, crisis Lavajuez, todos nuestros expresidentes elegidos en democracia están procesados por corruptos, tuvimos, en un mismo periodo de gobierno, 3 presidentes y 2 usurpadores que el pueblo sacó movilizándose en las calles con dignidad. El Nuevo Perú siempre estuvo ahí, poniendo el cuerpo, alzando la voz en las calles y en el Parlamento para defender la democracia, para denunciar a los corruptos, siempre llamando a la unidad de las fuerzas del cambio, más allá de nuestros matices y diferencias, siempre apostando por la unidad. Porque no militamos para quedar bien con todo el mundo o para inflar nuestros egos o pontificar desde un altar, nos la jugamos en la cancha, porque nada de lo humano nos es ajeno y es aquí y ahora en el mundo real y no en un mundo hipotético, es en este mundo con todas sus sombras, sus pasiones, sus heridas, sus sueños y sus luchas que queremos construir.

Quizás por eso nos dicen de todo, ¿no? “Rojos”, “caviares”, algunos dicen que ya desaparecimos, que el Nuevo Perú ya fue, mientras otros dicen que tenemos todo el poder, movemos todos los hilos… Nada de eso, solo somos gente que quiere democracia, justicia, igualdad, soberanía en nuestro país. Y sabemos muy bien que solos no lo vamos a lograr, que solo junto a todos ustedes, a todas las fuerzas políticas, sociales, ciudadanas que quieren un cambio podremos lograrlo.

Sobre todo, porque estamos en un momento difícil, incierto y al mismo tiempo hermoso y esperanzador. Estamos en un nudo histórico con una crisis múltiple política, social, económica y climática, una crisis que no se ha resulto con el proceso electoral, pero en el que se ha expresado una fuerte demanda de cambio de los sectores excluidos que reclaman acceso a servicios, derechos, pero sobre todo protagonismo. Esto, al mismo tiempo que conmemoramos 200 años de una independencia trunca, conmemoración que remueve nuestras heridas más profundas y sacude las placas tectónicas de nuestra historia.

Con todo, estamos ante una oportunidad histórica de cambio, con riesgos y dificultades, y no podemos ponernos de costado, porque estas oportunidades no se abren a cada rato, nos toca asumirla con gran responsabilidad, con rigor, con transparencia, con la gente, cuidando la esperanza de la gente, con unidad, sin sectarismo. Debemos estar firmes y unidos frente a los de siempre que no quieren que nada cambie para mantener sus privilegios, quieren seguir expoliando nuestras riquezas, explotando a nuestro pueblo, esos que añoran la Colonia y desprecian nuestra diversidad cultural, que no soportan que esos que antes consideraban sus peones ahora levanten la cabeza y los miren de frente a los ojos. Debemos estar firmes y fuertes ante los sectores golpistas que hasta el día de hoy no reconocen el resultado electoral, la voluntad popular, que agitan la vacancia no desde ayer sino desde el día uno del nuevo gobierno, que desprecian la democracia. Por eso llamo a las fuerzas democráticas a rechazar con dignidad y firmeza estas expresiones golpistas. No se les puede hacer el juego desde el silencio o la perversa equidistancia, porque su objetivo no es vacar al presidente Castillo, su objetivo es destruir la democracia para mantener sus privilegios y evadir la justicia. Llamamos a las fuerzas del cambio a construir un gran frente político, social y ciudadano, descentralizado, que empuje este proceso de cambio con la gente, que plantee iniciativas al gobierno, que lo fiscalice, que se movilice en defensa de los derechos conquistados y los que tenemos aún por conquistar. 

Debemos estar juntas y juntos, sumar fuerzas para defender la voluntad popular, para defender la democracia que tanto nos costó recuperar, para impulsar los cambios que nuestro país necesita, para construir un Nuevo Pacto social que se consagre en una nueva Constitución, que ponga por delante los valores de justicia, igualdad y solidaridad, antes que el individualismo y la competencia, que ponga por delante la vida y la dignidad antes que el lucro, que reivindique nuestra diversidad de lenguas, culturas y tradiciones, que reivindique la igualdad plena de derechos sin ninguna discriminación, la libertad de ser, sentir y amar, la soberanía sobre nuestras riquezas y bienes comunes, la democracia, la paz y armonía entre seres humanos y con la naturaleza.

¡Sí se puede! Con todas las luchas, todas las voces, con todas las manos, con todos los corazones abiertos.

¡Que viva el Nuevo Perú!

¡Que viva el Perú!

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